
Como pescador, cada salida de vacaciones familiares es una oportunidad de conocer algún nuevo lugar en donde despuntar el vicio. Muchas veces ni siquiera necesito del acto en si de pescar, el solo recorrer una escollera o muelle repletos de pescadores, ver sus técnicas, equipos y formas de encarar alguna situación en particular, es suficiente para calmar ¨La bestia¨. Pero la perspectiva de vacacionar en las costas de Brasil era otra cosa, era la posibilidad de especies que nunca había capturado, y sobre todo una aventura que hacía tiempo quería vivir.

Si de mi hubiera dependido, el destino habría sido algún recóndito lugar del Amazonas, pero por votación familiar el destino elegido fue Florianópolis. Pensando que mi sueño se desmoronaba, comencé a investigar y di con un pequeño pueblito de pescadores llamado ¨Barra Do Lagoa¨ que me pareció el punto con mas chances para poder tener algo de acción con los peces de la zona.
¿Que llevar?
Una de las cosas que limito mi elección, fue viajar en avión, y estar limitado a tener que meter una caña dentro de la valija. Por no contar con equipos multi tramos tuve que descartar el Baitcasting,
Spinning, surfcasting y jigging. En resumen, solo me entraba en la valija una caña de Fly # 3 de 4 tramos. Cuando vi que en un pequeño bolsito podía acomodar un reel con un spool extra, una caja con moscas, una pinza y un par de rollitos de tippet y que posiblemente con eso no necesitara más, me alegré bastante.

En el lugar.
Una vez en el lugar, y después de una caminata nocturna post cena con la familia en la que investigué varios posibles lugares, me decidí por hacer unos primeros intentos al día siguiente en una escollera. Con la idea de no robarle horas de vacaciones a la familia, decidí pescar muy temprano por la mañana con la consigna de estar para desayunar con mi familia a las 8,30 hs en el complejo de cabañas que solo quedaba a 3 cuadras de la escollera.
Llegue al lugar de pesca minutos antes de que comenzara a amanecer y para mi sorpresa, había varios pescadores con sofisticados equipos de Baitcasting intentando la captura de robalos, sabia que en la zona los había y muy buenos, pero al estar limitado por mi equipo, me enfoque en pasear prolijamente una pequeña ¨Crazy Charlie¨ paralelo a las rocas. Para mi sorpresa, no tuve que esperar mucho para concretar mi primera captura, un tirón en la línea, una clavada certera, y segundos después una pequeña anchoíta de unos 12 cm bailaba en mi mano, foto y al agua. Cuando se fueron disipando las penumbras y pude ver con certeza lo que pasaba, descubrí que, a cada tiro, pequeños cardúmenes seguían de cerca mi mosca y que cada tanto un pez aceleraba y la atacaba. Me costo un rato adecuar el tamaño de la mosca y diámetro del tippet para ser mas eficiente, pero una vez que lo conseguí, las capturas se sucedieron prácticamente tiro a tiro.
El segundo día, también llegué temprano, y volví a encontrarme con mis ocasionales compañeros de pesca, que esta vez se animaron a saludarme.
Charlamos un rato y no ocultaron su interés y sorpresa por los resultados que yo había tenido la mañana anterior, contra el ¨cero¨ rotundo de ellos cuatro, solo habían tenido un solo pique errado.
Por haberme demorado en la charla, comencé a pescar ya de día y eso me permitió ver que, en uno de los cast, y casi con mi mosca en los pies, un pez de color oscuro, salió de entre las rocas y persiguió mi mosca por un corto trecho. Comparado con las anchoítas que venia capturando, era un pez considerablemente mayor, por lo que de inmediato llamo mi atención. Cambié la mosca por una con una cabeza de tungsteno que me permitió bajarla casi verticalmente al hueco de donde vi salir el pez y después de un tirón violento, logre captura mi primer pez de piedra. Esa mañana quedara grabada en mi mente como una de las mejores pescas de los últimos tiempos y no por el tamaño de las capturas, ya que la mayor, tendría unos 25 cm. Lo que realmente me sorprendió fue lograr mas de 30 capturas de unas 12 especies diferentes de peces de piedra.
El tercer día, los cuatro pescadores brasileños, directamente me encararon y me ametrallaron a preguntas. La mayoría de las especies que yo capturaba, estaban toralmente fuera del alcance de sus señuelos. Cuando vieron que yo bajaba verticalmente una pequeña mosca truchera atada en un anzuelo #14 y segundos después sacaba de un hueco entre las piedras un pequeño pez globo, se agarraban la cabeza. Por cortesía le ofrecía a uno de ellos mi equipo para que lo intente y después de una mínima instrucción logro una captura. Durante la próxima hora, vi como se alternaban mi equipo para capturar pequeños peces que disfrutaron con risas y mucha sorpresa. ¡¡¡¡La magia del mojarrero había vuelto!!!!

La técnica.
En pocos días de pesca, descubrí que los ¨gatillos¨ para el ataque de las distintas especies cambiaba radicalmente.
Algunos peces atacaban trayendo la mosca a velocidades altísimas.
Algunos peces de piedra se mostraban muy territoriales por lo que me resultaba mejor usar moscas un poco más voluminosas.
Otros peces atacaban cuando lograba metre mi mosca verticalmente en la cueva y luego iniciaba ¨la huida¨.
A medida que el sol se mueve, los peces de piedra se mudan al lado de la piedra que tiene sombra.
Una mancha de piedras en medio de una playa de arena es un lugar de acecho perfecto para muchas especies menores, y otras que se alimentan de ellas.

Conclusión.
La magia de las redes sociales me permite seguir en contacto con el grupo de pescadores con los que compartí varias mañanas de pesca, que pertenecen a un equipo profesional de pesca de Black Bass bastante exitoso. A pesar de eso, recuerdan todo lo que se divirtieron con un equipo liviano de fly y un puñado de hermosos pescaditos de colores. Dos de ellos ya se confesaron como fanáticos y compraron equipos de fly.
En fin , como siempre decimos, ¨no hay peces chicos, hay equipos inadecuados¨.










